Su historia empezó por la disputa de si plantar rosas u hortalizas. Obviamente, es más lógico optar por las hortalizas. A ella le preocupaban la posibilidad de una hambruna mundial, las termitas de la buhardilla, la inflación…y el botón que falta en la camisa de él. Evidentemente, las hortalizas son el remedio. No para la camisa ni las termitas, quizá, pero sí para la inflación y el espectro de la hambruna. ¿Qué puedes hacer con una rosa, cuando el lobo llama a tu puerta? Olerla. Puedes olerla. El hombre puede inhalar la fragancia de una rosa mientras se cierne la pobreza. A ratos él pensaba que a ella la engendró una unión improbable entre una computadora y un estropajo. Una computadora autoprogramada. (¿Existe?)Con esto no quiero dar a entender que este hombre y esta mujer no se sintieran mutuamente fascinados, sino que también se sentían mutuamente frustrados. La mayoría de hombres como él han olvidado su fecha de nacimiento, inocente o deliberadamente, cuando llegan aproximadamente a los veintiún años, en el ilusorio calendario cronológico. Por el contrario, muchas chicas como ella han grabado en su memoria la hora, el minuto y el segundo exacto de su nacimiento, y además, piensan que la juventud eterna no sólo es imposible sino que además sería aburrida. A él le parecía al mismo tiempo posible y encantadora. Los relojes, los cronómetros y la teoría de la relatividad de Einstein podían crear uno de los abismos que los separarían. Por supuesto había otros.Apenas se enamoraron, a ella le entusiasmaron las posibilidades de la vida informal y despreocupada que él avalaba tan seductoramente, mientras que él se sentía halagado por la atención arrobada, la mente alerta y los modales muy femeninos de ella. Pero después de un tiempo ella empezó a preguntarse si era prudente sincronizar su vida con la de un hombre que parece deambular eternamente (ya sea en el plano físico, mental o emocional) y cuyos pensamientos y acciones no son más previsibles que el estado del tiempo. Y él pasó a intuir que la acción de ella estaba hasta cierto punto excesivamente arrobada, que su mente estaba quizás tan alerta que no le permitía disfrutar a él de vez en cuando de la intimidad indispensable para entregarse a sus reflexiones abstractas. Y entonces empezaron los problemas con las rosas y las hortalizas. Todas las reyertas entre enamorados se originan en cuestiones que por sí mismas carecen de importancia pero que han sido elegidas porque simbolizan los problemas arraigados y reales que son la auténtica causa de tu tensión recíproca. A pesar de su inteligencia analítica, tajante, ella era ultrasensible y necesitaba estima y él era un poco incompetente en este contexto. Él irradiaba un cierto desapego y una frialdad que le dejaba a ella cierta sensación de vacío, de relativa frustración. Hay momentos en los que él era incapaz de entender la profundidad y la fuerza de ella. Entonces él intentaba discutir y llegar a una transición, a menudo sin conseguir llegar a la causa del problema. Aun así, la destreza intelectual y la simpatía de él combinadas, bastaban para apaciguarla temporalmente, hasta que ella tenía tiempo de analizar los errores y defectos inherentes a la ágil argumentación de él. Al principio su relación era excitante desde el punto de vista intelectual, estimulante desde el punto de vista emocional y muy divertida. Pero ella empezó a tomarse las cosas más en serio y todo cambió. Quizás él también hubiera debido de tomársela más en serio. Ella todo lo hacía diestro y rápido como la decapitación de una flor y su ruptura así lo fue. Ambos se impacientaban con la rutina y ninguno de los dos era desaliñado en el pensar ni el vestir.
En lo sexual, ella necesitaba más demostraciones físicas de afecto que él, y él necesitaba más variación y poesía que ella en el acto amoroso. No se trataba de que él pretendiera que ella durmiera con un ejemplar de poesías de Bécquer bajo el brazo, ni que ella aspirara a que él la conquistara como Victorio &Luccino, pero es indiscutible que existían diferencias sutiles en sus maneras de abortar la alquimia física del amor. La sexualidad de ella no era dramáticamente fogosa ni excesivamente apasionada, pero lo que sí quería era saber que él estaba allí. Y no sólo la mente, el corazón y el alma de él, sino todo él. Ella si se sentía confiada y distendida podía ser la compañera más satisfactoria para el amor, si captaba una dosis de seguridad y familiaridad en su relación íntima. Esto no era siempre posible en compañía de un chico como él que contenía dos personas en una (a veces tres o cuatro), y era tan cambiante como para proyectar su deseo una noche y una fría indiferencia la noche siguiente. Semejante comportamiento le producía a ella un trauma de silenciosa desesperación, e hizo que achacara esos altibajos del ardor de él a un defecto suyo. Raramente lograron la entrega y el olvido total de sus personalidades en la unión sexual, y por tanto su compatibilidad física, si bien era inmensamente satisfactoria en algunos sentidos, tal vez era un poco reservada y controlada desde el punto de vista emocional.Sin embargo, en el ámbito mental, no se ocultaban casi nada. Algunas parejas como ellos utilizan las palabras como armas, con puntería letal. Las palabras hieren. Pero a veces también curan, y ellos las usaban para bien o para mal. Nadie podía estimular a una chica tímida como ella para trasmutar su estricta reserva en el floreciente jardín de rosas de la confianza en sí misma, con mayor pericia y delicadeza que un hombre como él…y nadie podía sosegar a los nervios frecuentemente alterados de él con más dulzura y sagacidad que ella, cuando ambos actuaban motivados por el amor.
Ella cumplía todos los deberes indispensables para con él, sin descuidar ningún detalle. Le cosía los botones caídos y le subministraba excelentes consejos respecto de su carrera, era una compañera estimulante en el teatro o frente al televisor, y podía conversar muy inteligentemente con él acerca de libros, revistas y periódicos que leían.Él encontraba tiempo para conversar con ella acerca de todas las cosas que le preocupaban, la alentaba a discutir todo aquello que se le cruzaba por la cabeza, y le concedía un amplio margen para desarrollar libremente sus propias ideas, sus ideales y sus objetivos. No la sofocaba con un exceso d celos o de espíritu posesivo, pero quizás la hacía sentir acorralada con sus averiguaciones y sondeos, a veces exagerados, en el plano verbal.
Una vez mitigado el primer fulgor del romance, ella empezó a acusarlo de dispersar excesivamente su energía mental. Ella también tenía sed de conocimientos pero no era propensa a despegarse del suelo. Ella empezó a darse cuenta de que en el interior de él habitaba un niño. Él intentaba enseñarle a ser más franca, más expresiva, a valorar la libertad personal, y a adquirir el don de correr impulsivamente en pos de un sueño. Pero ella se habría muy lentamente, como un puerta chirriante, y él siempre tenía una prisa tremenda.
Ella era de las que les gusta dar sorpresas a sus amantes, de servirles el desayuno en la cama, pero lamentablemente, a él no le gustaba dormir hasta tarde. Su reacción seca o indiferente ante las amabilidades de ella la ofendían más de lo que él sospechaba.Muchas mujeres como ella se mantenían castas e indiferentes al romance durante años, y entonces lo arriesgaban todo en aras de una pasión única, inesperada e irrealizable, que no tarda en extinguirse Es posible que ella no fuera tan fría y controladora como a él le parecía.
Todo esto los pudo haber llevado una relación mutua serena, segura y despejada de exigencias, que podría haber sido lo que ambos habían estado buscando…pero esos tristes desencantos los llevó a cavilar a solas, cada uno por su lado, atormentándose con añoranzas y limitaciones. Y todo por culpa de no haberse mirado durante un poco más de tiempo a los ojos.
A él se le escapó el auténtico amor y se dio cuenta de ello cuando dejó de ser un Peter Pan y cuando ella llegó a la edad de casarse con algún otro, o sea con alguien que demostró más interés por ella que por sus propias aventuras.
Podrían haber alcanzado mediante su unión, un afecto y una satisfacción perdurables. Es posible que no se hubiera tratado del éxtasis turbulento y exaltado, pero el amor no tiene por qué ser siempre explosivo.A veces, la dicha puede consistir en un trance apacible y sereno, en el momento de reposo en el viento, que convierte la puesta de sol en algo menos triste y obsesivo…y que ilumina la aurora con una tierna promesa.
Pero ellos no lo supieron ver…
Extraido de un libro de compatibilidad de horoscopos.
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