Me canso de tener que repetirte las cosas. Me harto de decirte que tu verdad no es la verdad absoluta. Todos tenemos nuestras propias verdades y nuestras propias mentiras, pero no son universales. Intenta entenderme. Intenta respetar mi espacio. Deja que corra el aire. No me agarres los brazos con tanta presión cuando quieras contarme tu verdad (no) universal. No me grites tanto cuando te digo que las cosas no funcionan así. No me ates a la pata de tu silla. No me desgastes tanto. Necesito mi burbuja. Necesito mi aire no contaminado de ti. Déjame a solas y con la luz apagada. No me alborotes la vida. No me hagas ser quien no soy.
Y en eso se basa últimamente nuestra existencia, en un tira y afloja que nunca llega a buen puerto. Tú ordenas y yo debo acatar esas órdenes sin rechistar. Y cada vez más, por entre los dientes se me escapan palabras que no quiero pronunciar. Mi subconsciente me traiciona y me lleva a olvidar el cuarto mandamiento. Me confundes. Tengo miedo a cometer errores. Tengo miedo a que me vuelvas a decir que te he decepcionado. Tus continuos reproches me paralizan. No quiero enfrentarme a ti, pero tampoco quiero quedarme inmóvil. Acepta que tu niña ha crecido. Acepta que no puedes decapitar mis alas. Quiero volar. Quiero descubrir ese mundo que me espera allí fuera y tú me prohíbes. Dame la llave, dame la clave para encontrar la salida a esta jaula. Necesito salir por la puerta grande, para así, en el fondo, liberarme de ti.
No comments:
Post a Comment